Poema I – Alberto Vaccaro
Salí un instante a mirar el cielo
y me atrapó la noche poblada de recuerdos…
Me atrapó el rocío,
y las estrellas olvidadas en el vidrio.
Era un espejo, una carretera, una fuente
un sueño tan real como inconsciente.
Me atrapó la oscuridad azul,
el bosque, el auto, la Cruz del Sur.
Me atrapó la noche
la niebla que envuelve los faroles
la magia de todo lo prohibido,
la madrugada mojada de rocío
Alberto Vaccaro
Homenaje – Wilma Pereira de Vaccaro
Tu, Juana la rica de sueños y de amores
de oscuros cabellos y agrestes aromas
tu, la Juana nuestra, que alabó el rocío
le cantó a la tierra, al árbol y al río
¡Qué fresco tu verso todo primavera!
pleno de esperanzas tu rico rimero.
Tu la joven clara, de andar peregrino
De dedos con rosas, de higueras y trinos.
princesa de un día glamoroso y fasto
senda de violetas, trompetas en alto,
Tú, Juana la hermosa, tú, la más florida
la que sólo loas regaló a la vida.
Juana la de América, Juana la colmada
y Juana la sola, la casi olvidada…
Juana, luz y sombras, para ti mi canto,
dama de las letras, de estrellas tu manto
Wilma Pereira de Vaccaro
La vieja barca – Aida Acosta Schiavone
«Es un hito recordar cosa que no se quiere olvidar»
Llegó a la madurez sus arterias
sin haber navegado grandes ríos
ni vivido grandes bajantes de mareas
«Sobre montañas de luna» con sigilo
transmigra la paz de su destino
y «hasta el valle de las sombras llega»
En el espacio libre de artificios
es un cuadro marino su sencilla belleza.
.
El paisaje de mar que ha recorrido
refleja su imagen e interpreta
recuerdos como páginas de un libro
que se prolongan en la naturaleza.
Los remos gastados nos regresan
de una llanura de agua el sonido
y su aspecto de vieja fortaleza
retiene el sol y vive a su abrigo.
.
Jornada de mar, ecos de un vestigio
cuyo presente es pasado de destrezas.
Envuélvela el silencio como un silo,
la respetan pescadores de experiencia
que vibran cargados de leyenda
al tirar las redes celebrando un rito.
.
Con la cadencia del vaivén del agua
inacabable ha de ser su estela
aleteante y curtida pero sin filo
porque el agua es parte de la barca
e inmanente brazal de la madera
Aida Acosta Schiavone
Mi maestro de vida – Nilda Gedimi
El autor de mis días
marcándome una senda
quitándome piedras del camino
construyendo en soledad mi infancia
de la mejor manera que entendía.
No siempre justo
equivocando el método de a ratos
pero poniendo el corazón en todo
y el tiempo me enseño que solo era
irremediablemente un ser humano.
Mi maestro de vida
sonrisa, calidez, ternura, llanto.
una palabra, un reto, silencios, un abrazo
a pesar de la ausencia hoy abrigo una esperanza
la de volver a estar juntos algún día.
Nilda Gedimi
Simplemente una luz – María Teresa Ferreira
Deambulando de ventana en ventana
de una a otra, hacia la puerta,
todas las noches, enfrenta su llorosa vista.
Lo hace, esperando ver asomar
desde la empedrada altura del cerro,
más acá, del mar escondido, más abajo
del cielo, los zancos iluminados
del gigante, que linterna en mano
cual luciérnagas, bailoteando
en la oscuridad, iluminan,
sin saberlo y sin ser ese su propósito
una silenciosa y solitaria vida.
Lejana compañía junto a la cruz,
la que soporta calladamente
su propio decaimiento, pero
desparramando esperanza,
cual la luz, que le pinta color
en las sombras actuales.
Sombras, que intentan postrar
a una y otra despiadadamente.
María Teresa Ferreira
Dame – Mary Lagresa Bertran
(De «la veleta y el Violín de Manola y Manolín»)
Dame una hoja
De Cerezo
Dame una cuchara
dame un beso
.
Arlequín
y Colombina
Bailan un vals
en la colina
.
Dame sus pies
de raso y seda
y sus zapatitos
de oro y felpa.
.
Dame una rosa
dame un clavel.
Dame un barquito
de papel.
.
Colombina
y Arlequín,
van con pasito
bailarín.
.
Dame sus caras
de luna llena
y sus sombreritos
de azucena.
.
Dame dos hojitas
verdes – verdes,
para que la rosa
se ponga alegre.
.
Dame dos hojitas
color de miel,
para hacerle mimos
al clavel.
.
Dame una gaviota
y dame el mar,
para que el barquito
pueda zarpar.
Mary Lagresa Bertrán
Piriápolis (1993)
La Esperanza – Alfredo Moyano
Las luces quedaron afuera
sin la cortina de pudor
necesaria
para ciertas ocasiones
.
Se perdió el dolor
Color esperanza
Un duende pícaro
Jugó a esconderse
en nuestra piel
.
A veces
el cielo me confunde
Se perdió el dolor
y lo veo como mar
impetuoso, salvaje
y armonioso
.
Es el amor, me digo
que anda por mis venas y
es el amor que nos redime
en un instante
cuando llega la paz
al alma distendida
.
Presumo que los pájaros
las flores los niños y los versos
heredarán este planeta.
.
Presumo y sigo presumiendo
que el hombre será desalojado
del poder
para siempre por una revolución
de colores.
.
El amor entonces cantará
«Jesús alegría de los hombres!
y el miedo buscará esconderse
en la cueva del silencio.
Alfredo Moyano
Granja Las Rosas y Antonio V. Bonilla
A fines del siglo pasado y en los albores del pueblerino Pan de Azúcar, en lo que era entonces sus aledaños, cuajó y dio sus frutos lo que en la mente de los hermanos Bonilla, creaba y recreaba, ayudados por su férrea voluntad.
Hoy nos referimos a uno de ellos, que se constituyó en el principal de la Granja Las Rosas.
Pero ¿Quien fue nuestro personaje? ¿De dónde provenía?
En la Iglesia de San Carlos Borromeo, con fecha 21 de Enero de 1841, figura la siguiente acta matrimonial:
FRANCISCO BONILLA, natural de Santa Catalina (1) hijo legítimo del finado don Jose y doña Francisca Fernandez, de éste vecindario, c.m. con Doña MARIA DOLORES ECLA PEREZ, natural de esta parroquia. L. de matrim 2 fs. 140 vuelta.
La Soledad de la Mujer que miran Todos – Roberto Villalba
Tendida en el atrio de la Iglesia
está la mujer solitaria
granizo todo todo granizo
del cielo hay un dolor de granizo.
Tendida en el atrio de la Iglesia
está la mujer solitaria
todos corren indiferentes
todos corren salvajemente…
Pasan las autoridades y no miran
Pasan los repletos de buena vida y no miran
Pasan los que acumulan dólares para
Podrirse y no miran por supuesto.
Pasan las damas de beneficencia
y le ofrecen sus migas de esperanza que también les sobra…
Pasan los que se las saben todas y se lavan las manos
Dando sus pobres leyes sociales…
Pasan los que oran y no la miran
Pasan los que rezan en serio y tratan de ayudarla
Pasan los ciegos y si la miran
Pasan los discapacitados y si la miran
Pasan los oprimidos y si la miran.
La mujer está ahí no busquemos en Bosnia o en Croacia, o en Calcuta
Los sufrientes – los mutilados- están también aquí.
¿Pero que le importa al mundo, a los demás si tienen su pan,
su cama, sus coches tasados en dólares?
¡A qué mundo hablar entonces, a quiénes para que escuchen en serio!
La mujer está ahí sola con su frío
Con su pobre pan con su lástima de los demás.
¡Pero ay de los mercaderes de los hipócritas!
¡Ay de los que ríen del dolor ajeno!
¡Ay de los que no mueven un dedo para cambiar la realidad!
¡Ay de los que se idolatran a si mismos!
¡Esto no es literatura! Hay una mujer desamparada por todos,
todos formamos parte de una misma culpa.
En este amanecer Cristo sale a reclamarles a todos la verdad
O su desprecio será eterno para quienes no quisieron verlo.
Roberto Villalba
Publicado en Revista Letras Nº 6 1996 – 1997













