Durante su primer año de Secundaria, en 2021, Belén Vianna, Felicia Millán y Rodrigo Rodríguez, tres estudiantes del Liceo Departamental de Artigas, comenzaron a explorar una nueva forma de entender la tecnología a través de la robótica.
Las Olimpiadas de Ceibal, en las que participaron desde ese momento, les plantearon un desafío que iba más allá de la programación: identificar problemáticas sociales y buscar soluciones mediante herramientas digitales.
Cinco años más tarde, mientras cursan 6° año de Ingeniería y con tan solo 17 años, esa filosofía dio origen a Chispa, una startup que utiliza inteligencia artificial para ayudar a los docentes en la planificación de clases, creación de materiales y desarrollo de actividades. En sus propias palabras, su objetivo es «ganarle al miedo que todavía genera la inteligencia artificial».
La idea surgió a partir de una realidad que los jóvenes observaron a lo largo de su trayectoria educativa: la dificultad que muchos docentes enfrentan para integrar las nuevas tecnologías en el aula. La brecha entre quienes crecieron rodeados de herramientas digitales y quienes debieron adaptarse más tarde no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial ha acelerado aún más este proceso, planteando nuevos retos para el ámbito educativo. Mientras que muchos estudiantes adoptan estas tecnologías de manera natural, un sector considerable de docentes las observa con desconfianza o incluso evita su uso.
«Al trabajar junto a profesores, notamos que muchos sentían estrés por las planificaciones y la carga laboral. Además, tenían miedo de dar el paso hacia la tecnología. Hoy en día, eso se refleja en la inteligencia artificial, y en ocasiones se prohíbe su uso. Nuestra intención fue ayudar a cambiar esa percepción», compartieron.
Chispa actúa como un asistente diseñado específicamente para docentes. El usuario puede ingresar qué clase desea preparar y la plataforma genera automáticamente una planificación adaptada al grado, la materia y los lineamientos de la ANEP. Además, elabora materiales imprimibles, presentaciones, juegos interactivos y otros recursos para utilizar en el aula.
«Queremos que los docentes vean esto como una herramienta útil para el aprendizaje. No es necesario descartar lo tradicional o los libros al incorporar tecnología. Ambas pueden coexistir y ser útiles para hacer las clases más dinámicas», enfatizaron.
Uno de los objetivos del proyecto es también facilitar el acceso a herramientas que a menudo parecen ser exclusivas para quienes poseen avanzados conocimientos tecnológicos.
«Hay docentes que piensan que para utilizar tecnología deben hacer cursos muy costosos o aprender a manejar varios programas. Lo que buscamos es que conversar con Chispa sea como hablar con una colega que te asiste en la preparación de una clase», explicaron.
La plataforma utiliza modelos de inteligencia artificial ya existentes, principalmente Claude y, en menor medida, ChatGPT. Sin embargo, «el código, la estructura y el manejo de APIs» fueron «construidos desde cero» por los estudiantes. En este sentido, los dos modelos funcionan como el «motor» del producto.
Además de generar actividades, Chispa ofrece un espacio donde los docentes pueden almacenar sus planificaciones y compartirlas con colegas. También existe un Marketplace que permite la venta de ese material.
«Creemos que el trabajo docente nunca será inferior al de la inteligencia artificial. Queremos dar valor a ese trabajo y que la IA sirva para potenciarlo, no para reemplazarlo», afirmaron.
El lanzamiento nacional tuvo lugar hace pocas semanas y ya cuenta con aproximadamente 50 docentes registrados. Según los jóvenes, el principal desafío no radica en la tecnología, sino en lograr que los usuarios integren la herramienta en su rutina diaria.
«Notamos una buena receptividad, pero todavía hay muchos profesores que están acostumbrados a planificar de otra manera. En Artigas, aún cuesta que la gente se anime a probar software nuevo, y esto también se refleja en el ámbito educativo», reconocieron.
Mientras finalizan el liceo, los tres jóvenes también están desarrollando una pequeña agencia de software que ofrece soluciones a empresas locales. Coordinar reuniones entre clases, actividades y exámenes es, quizás, el obstáculo más cotidiano que enfrentan.
A pesar de ello, su mirada está puesta en el futuro, más allá de Uruguay. «Primero queremos consolidar Chispa aquí, escuchar a los docentes y mejorar la plataforma. Luego, pensamos en Argentina y, más adelante, en toda Latinoamérica.»
Con información de Montevideo Portal


