Los sensores microelectromecánicos (MEMS) tienen la capacidad de permitir que los robots perciban y se adapten a su entorno en tiempo real, funcionando como un sistema nervioso artificial que les otorga habilidades similares a los sentidos humanos. Así lo comunicó Bosch, la empresa fabricante de estos dispositivos, en un anuncio emitido el domingo 22 de junio.
Estos sensores cuentan con estructuras que miden apenas 4 micrómetros, lo que equivale a un tamaño diez veces más pequeño que la pata de una hormiga, y son capaces de medir variables como movimiento, orientación, presión y vibraciones.
Gracias a esta información, los robots no solo cumplen órdenes, sino que también interpretan su entorno y actúan en consecuencia. Bosch, que produce estos sensores para vehículos, dispositivos electrónicos y sistemas industriales, ahora los está trasladando al ámbito de la robótica. La empresa destacó que los avances se centran en dos áreas principales: el sentido del tacto y la visión.
En lo que respecta al tacto, la combinación de mecánica, algoritmos y sensores de presión, junto con unidades de medición inercial, permite a un robot identificar un objeto, reconocer su forma, ubicarlo en el espacio y manipularlo con la fuerza adecuada. Este sistema detecta cuánta presión se aplica, cómo se distribuye sobre la superficie y si el objeto comienza a deslizarse, ajustando todo en tiempo real.
El resultado, según la compañía, es un movimiento que imita los principios de la mano humana, permitiendo sostener elementos delicados como una copa de cristal o un huevo sin dañarlos. En cuanto a la visión, los robots integran cámaras en posiciones estratégicas del cuerpo junto a sensores que estabilizan la imagen en tiempo real para evitar el desenfoque durante el movimiento. También incorporan tecnologías como LiDAR, cámaras 3D y sistemas de mapeo que crean representaciones tridimensionales del entorno, lo que les permite moverse de manera autónoma y mantener el equilibrio en superficies irregulares.
La nueva generación de robots aprende manipulando objetos, experimentando y corrigiendo errores. Estas capacidades ya están implementadas en entornos industriales y logísticos, donde los robots operan en condiciones controladas y realizan tareas repetitivas o físicamente exigentes. Todo esto se desarrolla en un contexto de transformación más amplio en la robótica, impulsada por la inteligencia artificial. Este cambio de paradigma ha llevado a pasar de programar cada movimiento de una máquina a enseñarle a tomar decisiones por sí misma. Para Bosch, el próximo paso es llevar estos sistemas al mundo real, más allá de los entornos controlados. La compañía indicó que el mercado global de sensores MEMS superará los 16.500 millones de euros en 2030, con un crecimiento sostenido proyectado para los años previos a esa fecha.
Con información de Montevideo Portal


