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Silvano Pucciarelli: Su pasión del motociclismo ahora a la política

A Silvano Pucciarelli no lo conquistó un balón de fútbol. Lo hizo un conjunto de dos ruedas en el motociclismo de velocidad, cuya modalidad deportiva se disputa en circuitos de carreras pavimentadas.

En un país con fuerte tradición futbolística como Uruguay, consiguió destacarse dentro de la historia nacional de ese deporte. A pesar de que a la fecha no corre ni disputa más en competencias, ha dejado un legado de mucho valor para el patrimonio del país. Ahora, tiene como proyecto culminar otras metas: mejorar la realidad actual de Maldonado, convencido de que hay mucho por hacer desde la política y militancia.

Una vez aprendió a caminar siendo un bebé, se sujetó de las motocicletas en el taller de sus papás. Pero en ese entonces no se subía sobre ellas; las destrozaba. “Cuando aprendí a caminar en el taller de mis padres, ahí hacía todas las ‘macanas’ que podría hacer un niño cuando recién camina.

Rayaba una moto o la martillaba. Me gustaba estar entre las motos”, relató entre risas Pucciarelli. Su pasión por este vehículo es de raíces familiares. Su papá, Gino Pucciarelli, emigró de Italia a los 16 años en la posguerra. El oficio al que se dedicaba en su país era precisamente de mecánico de motocicletas.

Vino a Uruguay, donde conoció a quien sería su esposa y mamá de Silvano: Lucía Miranda. Al notar la poca oferta de su trabajo en Montevideo, abrió un taller que desarrolló gracias a las habilidades como comerciante de su esposa: “Ginos Moto”. Años más tarde se dedicarían también a la importación de motocicletas Aprilia.

Desde muy pequeño siempre tuvo motocicleta. “Cuando mi mamá se iba a tomar la siesta, le tomaba ‘prestado’ el ciclomotor y se lo devolvía. Justo en el mismo lugar donde ella lo había dejado; nada más que roto. ¡Ella siempre se preguntó sobre cómo se podía romper si ‘nadie’ la había usado!

A los ocho años ya tenía mi moto propia: una Yamaha 50 centímetros cúbicos con cuatro cambios”, recuerda Pucciarelli. Sin embargo, no se la dejaban manejar en Montevideo, donde estaba el negocio de sus padres; sino en Piriápolis, Maldonado.

Por esto afirma que, a pesar de haber nacido en 1966 en la capital, siempre se sentirá piriapolense porque es ahí donde desarrolló toda su pasión entorno a la motocicleta.

De aquí son sus amistades de toda la vida y fue donde tuvo su primera novia, la segunda y la tercera y última con la que se casó y tuvo tres hijos: Stefano, Luca y Franco.

Un recorte de periódico donde se retrató el triunfo de Pucciarelli, al lado de su madre, en categoría 125 c.c.

En su adolescencia, además de determinado, fue muy inquieto y apasionado por este deporte. Aprendió de la motocicleta cada vez más hasta que osadamente practicó acrobacias, sin tener ningún conocimiento al respecto. “Era una locura lo que hacía porque tenía cero medidas de seguridad”, comentó Silvano.

Sus padres se oponían a que compitiera. Fue después de que tuvo un grave accidente, por hacer piruetas, que cambiaría su rumbo. Tenía 15 años recién cumplidos. Al poco tiempo, se acercó a sus papás nada más y menos que Evaristo “Nono” Rosich -competidor de motovelocidad con amplia trayectoria en la historia de este deporte en Uruguay y contemporáneo de Pucciarelli- con el fin de hacerlos razonar de que dejarlo competir era lo mejor. Así evitarían que se siguiera accidentando en la calle sin ningún tipo de entrenamiento. De esta manera, a esa edad comenzó a competir.

Circuito callejero “Rambla Armenia”. En 1985, Manuel Karamanoukia con una Yamaha RX 125 y Silvano Pucciarelli con una Kawasaki GTO 125

Ganó su primer campeonato nacional de motovelocidad a los 16 años. Era 1983. A partir de entonces, mantuvo al público uruguayo al borde de sus asientos mientras corría por las pistas subido en sus dos ruedas. Se destacó entre los grandes y elevó el nombre del país al pódium de ganadores de competencias nacionales e internacionales.

Ganó tres campeonatos más. Cambiaba de categoría y la ganaba. Compitió en Argentina y Brasil y ganó también. Era imparable. Se transformó en uno de los mejores motociclistas del Uruguay.

Tuvo su última competencia de motovelocidad el 13 de julio de 1993. Después, Silvano se dedicó a su familia, su esposa Gabriela Leal y sus hijos. Impulsó un nuevo negocio en el tradicional rubro de su apellido: venta y taller de motocicletas, mismo que sigue trabajando en el presente.

Su talento sigue corriendo por las venas de sus hijos. Todos han practicado el motociclismo de velocidad. El mayor, Stefano, ha cosechado muchos triunfos importantes en el deporte, al punto que entre la audiencia se comenta sobre quién será el mejor, si el padre o el hijo.

En el 2013 fue él quien ganó el trofeo más preciado del motociclismo: campeón latinoamericano de Super Sport, el cual es otorgado por la Federación Internacional de Motociclismo Latin America.

En el año 1983 Silvano Pucciarelli fue campeón nacional 125 mecánica internacional
Obtuvo dos premios Charrúas, otorgado por la prensa al mejor deportista en cada disciplina, en el año 1984 y 1992.
Fue piloto, neutral de federación y luego presidente de la Federación Uruguaya de Motociclismo (FUM) en 1997 y 1998.
Fue presidente de la Comisión de la Velocidad de la FUM.

Fuente: Gabriela Leal, esposa de Silvano Pucciarelli

Arranca en otra pista

A Silvano todavía le quedan algunos sueños por cumplir, a pesar de que ha conquistado muchos títulos a nivel nacional e internacional como piloto de motovelocidad. Está convencido de que quiere mejorar la realidad de Maldonado desde el ámbito de la política y el trabajo en el territorio.

En el año 2018 arrancó como presidente de Un Solo Uruguay en Montevideo, desde donde se impulsan demandas por mejoras en el sector agropecuario, comercio, sector empresarial, turismo y en los profesionales.

En un inicio se gestó desde el interior del país, pero tuvo amplio apoyo también en la capital, por lo que Pucciarelli impulsó su trabajo en este lugar estratégico.

“Yo no tengo pasado en la política, nunca trabajé en ella. Pero hace tiempo, un año, que me dedico de lleno”, afirmó Silvano. Desde entonces, se comenzó a preocupar mucho por el desarrollo del turismo en Maldonado. Afirma que, dejando a un lado la temporada de turismo, “no hay ningún esfuerzo para fomentar el trabajo. No se tienen más fábricas ni nada que le dé trabajo a la gente durante el invierno. No hay ninguna fuente estable de empleos y por esa razón se está perdiendo la juventud”.

Silvano confiesa que se vio impactado de esta realidad por primera vez al ver a los amigos de sus hijos. “Cuando era invierno, iban conmigo porque no tenían nada qué hacer. No hay espacio cultural para la juventud, ni club deportivo para que los jóvenes se desarrollen”, dijo contundente. Observó esa misma realidad en el resto del departamento: los jóvenes tienen que migrar hacia la capital o salir del país.

Después de formar parte de Un Solo Uruguay, Silvano inició con sus amigos la agrupación ciudadana “Nosotros”. “Sin saber de política, queríamos solucionar el mundo”, confiesa. Es la misma inquietud que lo llevó a dedicarse a la motovelocidad la que lo tiene con el ánimo de querer hacer algo ahora por su departamento de corazón.

Desde su grupo, eligieron a quién apoyar. “Para comenzar, decidimos estar con Pablo Abdala, de la lista 66 –la cual forma parte de la nacional 2004 con Jorge Larrañaga. Sin duda estamos convencidos de que es el político más serio, es el tipo que más ha trabajado y, además, denunció muchas irregularidades como la regasificadora, por ejemplo”, justificó Silvano. Después de las elecciones internas de junio de 2019, Pucciarelli optó por quedarse para trabajar en Maldonado junto a Nario Palomino, su actual edil y ahora candidato a diputado.

A la izquierda, Nario Palomino junto a Silvano Pucciarelli durante una entrevista radial

Es quien le propuso que sea su primer suplente de tomar este cargo en la Cámara de Representantes. Aceptó bajo la convicción de querer mejorar su departamento por el bien de las personas que lo habitan.

Silvano confiesa sentirse mucho más seguro arriba de una moto de dos ruedas que en sus propios pies. Por eso le identifica un poco de paralelismo con su nueva carrera en la pista de la política. “Si piso alguna piedra, puedo perder el equilibrio porque estoy obeso; sin embargo, cuando una moto comienza a rodar, tomo ese equilibrio provocado por la inercia. En mi caso también porque es algo que hago con mucha pasión.

“Por eso me siento totalmente seguro”, asegura. Está convencido de que comenzar en la política es su mejor meta para cumplir sus sueños de ver a Maldonado con un mejor futuro. Esto lo impulsa ahora tanto como lo hizo su pasión por las motocicletas en las carreras y competencias de motovelocidad.

Muchos cambios se han dado en la vida de Silvano Pucciarelli desde que tuvo su primera motocicleta, pero también muchas cosas siguen siendo iguales y una de ellas es, por supuesto, la pasión con la que se sigue dedicando a aquello que cree es lo correcto.

Nota realizada por: Roxana Argueta, Periodista y comunicadora social

Agradecimiento de NOSOTROS VAMOS JUNTOS 2004 + 66 a Pan de Azúcar Web por el espacio brindado para la nota.

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