Nuestra Plaza en Pan de Azúcar ¿es realmente para todos?

Quizás suene extraño que nos preguntemos esto, ya que nuestra plaza es una de las reconocidas en el país por su accesibilidad, pero nuestra pregunta va por otro lado…

No solemos hacer este tipo de notas, pero creemos que lo sucedido lo amerita, en especial porque no es la primera vez que nos sucede alguna ocurrencia similar en el lugar, donde los factores actuantes suelen ser siempre los mismos, solo que hoy, los límites se rebasaron.

Y queremos ante todo destacar que las autoridades se han portado de forma excelente con nosotros, respondiéndonos de inmediato y tratando de tomar acciones sobre la situación con la intención de buscar una resolución, pero… las autoridades pueden hacer, hasta donde pueden, las mismas no pueden hacer demasiado para controlar el componente ANTISOCIAL de determinados elementos que habitan la plaza con frecuencia casi diaria, en especial en horas de la tarde/noche.

¿Que ha sucedido? Pues que he personalmente he sido agredida no con 1, sino con 2 pedradas estando sentada tranquilamente en el banco que queda en el área central debajo del tanque, disfrutando del espacio que con tanto esfuerzo ha sido remodelado por nuestra comuna, junto a mi hijo menor de edad, que por su parte, sin molestar a nadie, se encontraba jugando con otros niños vecinos a la pelota.

En determinado momento, a unos 15 minutos de haber llegado, desde el área trasera del tanque (donde la iluminación es menos potente en la zona del césped) empiezan a ser lanzados coquitos de palmera hacia mi banco, muchos de ellos atinándole a mi cuerpo, pero obviamente no es por ello esta nota, ya que todos hemos sido niños y alguna que otra vez anduvimos molestando con los famosos coquitos a algún vecino y como no era la primera vez que algo así sucedía, respiramos hondo y pensamos “cosas de niños, ya se aburrirán”.

Delante de nuestra no-reacción a esa “pequeña” agresión, quienes los estaban lanzando, en vez de desistir, prefirieron doblar apuesta, y comenzaron a lanzar terrones, de nuevo, directo hacia donde yo me encontraba sentada, muchos de ellos atinándome, y otros cayendo en los alrededores del banco.

En ese momento me puse de pie para tratar de observar, dentro de las limitantes de mi miopía, y mis diversas operaciones por desprendimiento de retina en una vista, quienes eran los que estaban lanzando todo eso y no logré determinarlo con seguridad, más que ver 2 o 3 figuras de pequeña estatura que, cuando yo me paré, corrieron por Gral. Artigas para doblar en L. Olivera y perderse de vista.

Pasan unos 10 minutos, el tema se había calmado y yo estaba tratando de disfrutar (como se pudiera luego de esta situación) ese momento con mi hijo en la Plaza de mi ciudad cuando de repente vino la agresión que nos motivó realizar esta nota, porque ya pasó todos los límites de “cosas de niños”.

Ya no eran coquitos, ni terrones, fueron piedras, de calibre mediano, (pero duelen igualmente). 2 pedradas en total que impactaron directo sobre mi cuerpo estando sentada, y que pudieron impactar en mi cara, cerca de mi vista, con todo lo que eso significa para mi.

Razón de ello, en ese mismo momento me comuniqué con las autoridades, tanto municipales primero como policiales posteriormente que me contestaron inmediatamente orientándome que hacer y a poco de comunicarme con el municipio, el plazero estaba acercándose al lugar.

Le comento la situación, pudo ver los varios proyectiles que circundaban mi banco y me comenta que deben ser los mismos 3 o 4 “asiduos” con los que hay problemas casi cada noche, o bien por bicicletas haciendo “Willy” en la plaza molestando o haciéndole “finitos” a las personas, o porque deliberadamente molestan de diversas otras formas a otros vecinos que como yo se encuentran tranquilos disfrutando de la plaza y que quizás como yo hoy, se estén replanteando si será posible disfrutar las tardes allí, o ya será otro espacio que no podremos utilizar, o por donde no podremos pasar, copado por este tipo de situaciones de violencia gratuita.

La realidad es que el plazero no puede realizar acciones directas más enérgicas contra estos “asiduos”, nosotros como afectados tampoco y realmente consideramos que nuestros Policías, están para situaciones de mayor calibre, aunque esto pudo ser una situación de mayor calibre si yo hubiera dado vuelta mi cara justo cuando me lanzan la primer piedra…

La situación cual sería entonces? Hay que seguir dejando de frecuentar lugares de nuestra ciudad, o asumir que a determinadas horas de la tarde ya no se puede ir a espacios comunes porque circulan este tipo de personas que parece, jamás fueron enseñadas a vivir en sociedad?

¿Los padres/madres de esas criaturas menores de edad violentos que se divierten agrediendo vecinos impunemente donde están?

¿Podemos culpar a los organismos de no “hacer algo”, cuando realmente no pueden hacer más de lo que hacen y son los padres/madres de esas criaturas los que han fallado rotundamente cuando deberían haberlos educado? ¿Se puede convivir con gente que no sabe convivir y que cree que su derecho está por encima del de todos los demás solo por tener determinada edad?

¿Es justo que vecinos hasta con dificultades para caminar desistan de disfrutar de una plaza porque al ir las bicicletas le pasan haciendo finitos a riesgo de hacerlos caer? O que los adultos que allí estamos sin molestar a nadie con nuestros hijos, tengamos que estarnos parando cada poco a mediar situaciones donde algunos de estos elementos agreden, o se quieren apropiar de alguna pelota? O como fue el caso de hoy, aguantando pedradas sin motivo alguno y sin podernos defender?

¿Es justo que un trabajador como lo soy, no pueda disfrutar 1 hora libre de un espacio común, (que nos ha costado a todos remodelar), con sus hijos sin tener que atravesar situaciones de este tipo donde ni el afectado, ni las autoridades pueden hacer mucho más de lo actuado, porque los que las provocan son casi intocables por ley… y lo saben muy bien esto y quizás por eso mismo actúan como actúan?

La plaza es de la ciudad, es de todos los vecinos, está remodelada y es hermosa pero ¿es realmente para todos?

Queda la pregunta abierta en la esperanza que entre todos los vecinos, que hemos sabido disfrutar de la misma en comunidad desde hace más de 100 años, con el respeto por los demás por delante siempre, podamos buscar una solución a un problema, que de alguna forma se tiene que solucionar, porque de no hacerlo, la tendencia creemos, siempre es a que empeore.