Reflexión sobre la historia y su significado cultural

Todo pueblo tiene su historia y esta a su vez compone una parte de la vida cultural del mismo. Pero tener una historia no quiere decir conocerla. Hace un tiempo atrás, empecé a preguntarme cuánto sabía yo mismo de las raíces de esta localidad, del impacto de diversos sucesos que a nivel nacional e internacional marcaron una época y como eso repercutió en la vida local de quienes en ese momento vivían aquí. Y al cuestionarlo (invito a que el lector también se tome el trabajo de hacerlo), me di cuenta de lo poco que conocía de mi ciudad.

Reflexión sobre la historia y su significado cultural

Estamos rodeados de instituciones, construcciones edilicias, personas con memorias de incalculable valor histórico y todo está allí, como pidiendo bajito la pregunta de los curiosos y como sembrando la intriga de quienes aún no se han puesto a pensar quienes somos y como llegamos hasta aquí.

No quiero dejar de reconocer los enormes y valiosísimos trabajos de investigación que seriamente han realizado algunos vecinos de Pan de Azúcar, dejando un aporte fundamental para quienes queremos valorizar nuestra historia local. Tampoco sería justo si no menciono a los incansables esfuerzos que Amigos del Patrimonio han llevado adelante desde hace muchos años en la misma dirección.

Pero todo esto es aún muy poco si pensamos en las dimensiones de lo que significa cimentar una historia local. Quizás hasta el momento tenemos algunas interpretaciones y visiones en conjunto de la historia de Pan de Azúcar, pero si queremos saber de que forma fueron aplicadas, vividas, sentidas, las reformas de carácter social durante el período batllista en nuestra ciudad, nos vamos a encontrar con un serio problema y es que todavía no hay nada publicado sobre ello y desconozco si hay alguna investigación o no editada al respecto.

Para no redundar con un ejemplo de la historia nacional, propongo hacer el mismo ejercicio con un acontecimiento de escala planetaria como lo fue la Segunda Guerra Mundial y pregunto ¿Qué repercusiones tuvo aquí la Guerra? ¿Cómo vieron los hijos de Pan de Azúcar el enfrentamiento? ¿Qué posición tomaron respecto a los principales países participantes y sus alianzas? ¿Qué tipo de información real manejaron en ese momento? (si es que realmente llegaba la información). En fin, a lo que esta reflexión quiere llegar es a darnos cuenta de que nos falta muchísimo camino por recorrer para poder contestar apenas algunas de las interrogantes que plantee en los anteriores párrafos y otras muchas interrogantes más; tantas como inquietudes sobre nuestro pasado afloran con el tiempo. Eso es porque el campo de la investigación está aún, así, virgen y el conocimiento real por lo tanto de “nuestra historia” es casi nulo.

Alguno de los historiadores más importantes de nuestro país están poniendo énfasis en la relevancia de conocer y saber sobre la historia local, para luego comprender otros procesos históricos más abarcativos. Muchas veces existen enormes diferencias en relación a lo nacional en la manera de percibir y de actuar en el ámbito local, es decir, los protagonistas locales de una época en un momento histórico específico. Generalmente se tiende a homogeneizar esos modos de vivir, de sentir y de relacionarse. Pero un análisis más profundo, da cuenta de que esas diferencias son mucho más que matices. Por lo tanto, esto puede generar problemas a la hora de comprender uno o varios acontecimientos históricos.

Para explicar un poco este punto, tomo como referencia a una de las historiadoras que más está trabajando en este sentido que es la Dra. Ana Frega. En su trabajo “Pueblos y Soberanía en la Revolución Artiguista” la autora analiza la región de Santo Domingo Soriano desde fines de la colonia hasta la ocupación portuguesa y lo hace en clave regional-local.

Lo que convierte a la historia de Santo Domingo de Soriano en protagonista directo de la historia nacional, pero no en términos generales, sino estudiando específicamente el comportamiento de la localidad durante la revolución Artiguista, o la idea-nocion de soberania particular de los pueblos que allí se tenia, y que relación o vinculo se desprendía con el resto del territorio en torno de esa concepción.

Y al tener esa mirada histórica, nos damos cuenta entre otras cosas, que es imposible hacer referencia a algunos términos como si significan lo mismo en todos lados. Lo local recobra una importancia vital en la comprensión de la historia Nacional.

Quisiera señalar otro aspecto por el cual me parece de suma importancia el conocimiento de la historia local. Antes de hacerlo debo informar al lector que además de ser una inquietud personal, es una inquietud de carácter profesional.

Como Profesor de Historia en la enseñanza media desde el año 2004, me he dado cuenta que en mi práctica diaria en las aulas, que muchas veces a pesar de los esfuerzos programáticos y didácticos, las temáticas tratadas en los diferentes niveles parecen estar muy alejadas de los intereses de los estudiantes.

Esto, claro está, no es una problemática uni-casual y no pretendo dar un recetario de como solucionar ese desencuentro, ya que esta absolutamente fuera de mi alcance y del alcance de cualquier esfuerzo individual. Las políticas educativas y el compromiso de todos los agentes que componen el propio sistema educativo son quienes deben dar respuestas en conjunto a estos problemas.

Desde mi lugar como docente (entiéndase como un agente más dentro del sistema educativo) es que pienso que un aporte para reducir las distancias entre las temáticas históricas curriculares que deben ser abordadas y los intereses generales de los estudiantes, puede ser a partir de lo más cercano.

Y ¿Qué significa partir de lo más cercano? Bueno, es allí donde entra en juego la historia local. Aquello que nos rodea, que vemos diariamente y no tenemos siquiera idea del valor histórico real que tiene (no por no creerlo importante, sino por desconocerlo) lo que podemos apreciar desde una visita, desde una charla, desde con contacto directo.

Eso es lo que nos hace sentir que somos parte de la historia, es decir, que tenemos una historia que contar y es nuestra.

Desde mi punto de vista, una historia que nos involucra directamente, es una historia más atractiva. Debemos apuntar cada vez más justamente al acercamiento y no al estudio abstracto de temas que poco tienen que ver con la realidad de los estudiantes. ¿Quiere decir que no debemos enseñar historia nacional o historia Universal? No, enfáticamente respondo, no.

Lo que se quiere decir es que debemos buscar, aunque no sea siempre, una interrelación de los acontecimientos, de tal forma que puedan ser sentidos por los estudiantes como algo propio y como algo que tiene un real significado para ellos. Haré una apreciación más al respecto. Si logramos interiorizar desde la educación formal el valor de aquello que definimos como cercano, no tengo dudas de que será tratado con mucho mayor cuidado.

Conocer el entorno significa respetarlo, respetarlo implica cuidarlo.  Una sociedad educada en todos los niveles haciendo énfasis en la formación local, es una sociedad que cultiva la cultura. Esto me parece sumamente importante en una ciudad cultural como lo es Pan de Azúcar.

Haciendo apenas una búsqueda superficial y si se quiere hasta casual del concepto de cultura, podemos encontrar las más diversas terminologías. Muchas de ellas en definitiva, están, sino incorporadas unas a las otras, al menos relacionadas por algún nexo común. En un estudio antropológico denominado “La interpretación de las culturas”, Geertz cita una gran cantidad de definiciones que quisiera compartir porque me parecen pertinentes. “(…) 1) “el modo total de vida de un pueblo!,2) el legado social que el individuo adquiere en su grupo” 3) “una manera de pensar, sentir y creer”, 4) “una abstracción de la conducta” 5) “una teoría del antropólogo sobre la manera en que se conduce realmente un grupo de personas” 6) “un depósito de saber almacenado” 7) “una serie de orientaciones estandarizadas frente a problemas reiterados” 8) “conducta aprendida” 9) “un mecanismo de regulación normativo de la conducta” 10) “una serie de técnicas para adaptarse tanto al ambiente exterior como a los otros hombres” 11) “un precipitado de la historia” (…)”

Si hiciéramos una lectura apresurada, podríamos decir que cultura es todo eso y quizás hay cierta verdad en la afirmación. Pero para el autor, la dispersión teórica y el eclecticismo terminan siendo contraproducentes y es necesario elegir entre algunas direcciones. Geertz propone un concepto de cultura esencialmente de carácter semiótico. El hombre está inserto en tramas  de significación que él mismo ha tejido y la cultura es por lo tanto esa urdimbre.

Es en ese sentido y no en otro, que definí a Pan de Azúcar como una ciudad cultural. Cada pueblo tiene su historia decía al comienzo del ensayo. Agrego que cada pueblo tiene su propio conjunto o su tramado de significaciones muy particulares y muy propias de cada lugar.

El estudio de la historia de cada localidad configura el eje central en la búsqueda de explicaciones a los significados creados por la comunidad. La historia local se convierte así en una llave explicativa de la cultura.

A modo de conclusión:

1) Debemos profundizar los conocimientos de la historia local.

2) No es posible hacerlo si no llevamos adelante una tarea exhaustiva de investigación en ese campo de trabajo.

3) Los estudiantes en su educación formal deben acercarse a la historia local porque ello permite un vínculo directo con su realidad

4) Tenemos que potenciar la conciencia colectiva acerca del valor de nuestra historia en tanto agente permanente de la cultura

Profesor Gonzalo Cruz

Ensayo Publicado en Revista Letras Nº 9 (2008-2013)

Publicación de la Comisión de Cultura de Pan de Azúcar

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